
Y mientras en Sterling Cooper Draper Pryce se pelean por conseguir nuevas cuentas, en este caso Honda, con Don haciendo peripecias que personalmente no he conseguido entender del todo, vuelve Betty. Ya era hora.
El momento Sterling atacando a los japoneses me ha parecido tan surrealista que no me veo capaz de opinar, ¿es forzado? ¿era real en esa época sentirse así? El tema se ma va de las manos, así que no me veo capacitada para opinar sobre eso. Lo que no me cuadra es la insinuación de que su comportamiento puede estar reforzado por el miedo a perder poder dentro de la compañía. O se entiende el odio a los japoneses o el miedo a perder el control, pero no me creo que el miedo a perder el control te haga acrecentar un odio al que, en caso de existir, consideraría algo más fuerte que eso.
En el terreno familiar, Sally, como ya se anunciaba al principio de la temporada, empieza a ganar un protagonismo importante. No se puede decir que no es hija de su madre, porque aunque entre las dos parece haber una relación complicada, si hay algo que las une es esa mirada perdida y esa aurea de idas que las rodea a las dos. Quizás yo soy una mojigata pero creo que a los diez años ni sabía exactamente las diferencias entre niño y niña. De todos modos, entrar en la mente de Betty, ya sea entre las sábanas con su nuevo marido o en el diván de la psicóloga de su hija, siempre me parece fascinante.
Si hay algo que me ha gustado de estos dos últimos capítulos, son unos nuevos toques humorísticos que parecían haber desaparecido totalmente de la serie. En la temporada pasada esos comentarios estuvieron relacionados con Peggy y sus nuevos amigos y en este capítulo con la nueva secretaria de Don. Puede que no tengan mucha importancia, pero yo veo un chiste y me agarro a él como una lapa.

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El momento Sterling atacando a los japoneses me ha parecido tan surrealista que no me veo capaz de opinar, ¿es forzado? ¿era real en esa época sentirse así? El tema se ma va de las manos, así que no me veo capacitada para opinar sobre eso. Lo que no me cuadra es la insinuación de que su comportamiento puede estar reforzado por el miedo a perder poder dentro de la compañía. O se entiende el odio a los japoneses o el miedo a perder el control, pero no me creo que el miedo a perder el control te haga acrecentar un odio al que, en caso de existir, consideraría algo más fuerte que eso.
En el terreno familiar, Sally, como ya se anunciaba al principio de la temporada, empieza a ganar un protagonismo importante. No se puede decir que no es hija de su madre, porque aunque entre las dos parece haber una relación complicada, si hay algo que las une es esa mirada perdida y esa aurea de idas que las rodea a las dos. Quizás yo soy una mojigata pero creo que a los diez años ni sabía exactamente las diferencias entre niño y niña. De todos modos, entrar en la mente de Betty, ya sea entre las sábanas con su nuevo marido o en el diván de la psicóloga de su hija, siempre me parece fascinante.Si hay algo que me ha gustado de estos dos últimos capítulos, son unos nuevos toques humorísticos que parecían haber desaparecido totalmente de la serie. En la temporada pasada esos comentarios estuvieron relacionados con Peggy y sus nuevos amigos y en este capítulo con la nueva secretaria de Don. Puede que no tengan mucha importancia, pero yo veo un chiste y me agarro a él como una lapa.






























